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domingo, 9 de septiembre de 2012

Cajón de especias

Algo evidente: el armario en el que guardaba las especias era incómodo. No me permitía ver más allá de la 2º fila y buscar cualquier tarro era un rompecabezas a lo "Rush hour". Por eso hoy cuando se me ha ocurrido meterlas todas en un cajón me ha parecido que era una gran idea. Ahora las veo todas de un vistazo y no me arriesgo a que se me caiga un bote intentando coger otro del fondo.
Este pequeño gran hallazgo me ha hecho reflexionar sobre cómo nos adaptamos a la incomodidad y la precariedad. Llevo años rebuscando el bote adecuado en un espacio en el que, para alcanzar mi objetivo, tengo que ponerme de puntillas, sacar ocho tarros y seguir buscando, si no lo encuentro, en la balda superior. Más de una vez se me ha caído y desparramado alguno. Más de una vez he comprado por duplicado porque no sabía que al fondo ya tenía de eso... Pero estaba bien, es decir, estaba correcto. Así estaban las cosas y no se me pasaba por la cabeza que de otra forma pudieran estar mejor.  Hasta que un día ves que puede ser de otro modo, más fácil, mejor.
Frivolidades aparte, porque no es determinante en la vida de nadie dónde guarde las especias y cómo de cómodo sea el acceso a ellas, creo que esta capacidad de adaptación de la que hacemos uso todos los humanos de forma bastante generalizada es extrapolable a otras muchas cosas. Aceptamos, nos adaptamos y no nos da por pensar que las cosas podrían ser de otra forma y que esta forma podría ser mucho mejor. Ahí lo dejo.

domingo, 16 de enero de 2011

Patatas a la importancia


Es una receta de la abuela Constanza. Patatas, harina, huevo, carne picada, ajo, perejil y laurel. Una comida humilde y algo laboriosa, que seguramente resultaría sencilla en otra época. La abuela Mari nos las hizo en una de sus visitas y llevaba mucho tiempo queriendo hacerlas. Han quedado ricas, con algún detalle mejorable para la próxima, pero ricas. Al abrir la olla no me podía creer que algo que hubiera guisado yo oliera tan bien. ¡No ha sobrado nada! Incluso Bruno las ha devorado. Todo un acierto.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Galletas




Harina, mantequilla y azúcar. Y un buen amasado con manos infantiles. Así pasamos la tarde del martes Leo, una amiguita y yo, haciendo galletas con forma de estrella y de corazón. A los niños lo que más les gustó fue amasar. Hacían pelotas, las aplastaban, las juntaban y vuelta a empezar. Quería haber hecho una gallea para cada niño de la clase pero no dio masa suficiente, así que se quedaron en casa para que las disfrutáramos todas. La segunda hornada se tostó demasiado, por eso parecen de chocolate... ¡pero no!

sábado, 28 de agosto de 2010

Un blog que da ganas

Hoy he descubierto el blog de My little things y me han dado ganas de meterme en la cocina y preparar cupcakes de chocolate, pastel de zanahoria, pastel de higos, calabaza asada, croquetas de jamón... y también me han entrado ganas de hacer fotografías de todos los resultados; y también me han entrado ganas de sentarme en el ordenador a contarlo.
Pero entonces Leo se ha despertado de la siesta, y cinco minutos después se ha despertado Bruno. He prepadado las meriendas, he metido toallas en una bolsa y nos hemos ido los tres a la piscina de mi mami. Allí le he hablado del blog tan bonito que había descubierto y en cuanto ha llegado a casa se lo he enseñado. Le ha encantado. Pero me ha dicho que le dan envidia las personas capaces de gestionar su tiempo y hacer cosas tan hermosas. He respondido que ella también hace cosas hermosas, al tiempo que me señalaba a mí misma (modestia no me falta) y a Leo, que cenaba junto a mí en ese instante.
Pero como ella misma ha comentado en algún otro momento de esta tarde, el peor defecto es la pereza. No es que esas personas que ella (y yo) envidia sean capaces de hacer cosas hermosas y los demás no. No, lo que pasa es que ellas tienen un recorrido fácil entre la idea y el acto o apenas sufren de pereza. Los que somos perezosos, nos quedamos en la cabeza, mientras los minutos se escurren entre los dedos.
Por eso estoy aquí, después de haber recolocado mis macetas nuevas, dándole sentido a algunas reflexiones del día y poniéndolas negro sobre blanco con el fin de evitar, cándidamente, que el tiempo lo olvide. Las sensaciones de haber visitado un blog que da tantas ganas de tantas cosas no pueden esfumarse. Había que hacer algo: encontrar un hueco así, una fortaleza contra la pereza.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Sopa rápida


He llegado tarde. Se me había olvidado sacar comida y, la verdad, tampoco había en el congelador nada que me apeteciera comer. Así que he rehogado un ajo y he salteado una zanahoria, una ramita de apio, unas hojas de espinacas y unas hojas de col china. He añadido agua, sal, pimienta y nuez moscada y he cocido durante algo menos de 10 minutos, junto con unos udon que todavía me quedaban de cuando mi hermano vino de Japón. En un cuenco aparte he echado un chorrito de salsa de soja, unas semillas de sésamo y unos cacahuetes (¡que hubieran quedado mucho mejor salteados!). He vertido la sopa en el cuenco y he saboreado el conjunto acompañada de la estimulante lectura de un libro de Ali Edwards. En 20 minutos. ¡Y mucho menos sosa que la del otro día!

viernes, 5 de febrero de 2010

Receta zen


La receta consistía en rellenar todas esas caracolas y ponerlas a cocer. En un ataque de minuciosidad y paciencia zen rellené 250 gr. de caracolas. El resultado no fue proporcional al esfuerzo, pero como buena actividad zen, me entregué a ella sin pensar en los resultados. Como lo que hice fue una interpretación libre de la receta, el relleno se me atascaba cada dos por tres en la manga pastelera. Y a la hora de cocer, la mitad de las caracolas perdieron su relleno. A Leo no le gustó la cena. Pero David y yo, entre risas, nos las comimos sin rechistar.